ahi estamos
Escrito por fibercool, 26 de Julio del 2008, a las 03:34
Desear tan poco y conocer tanto como sea posible.
Creo en el poder de la imaginación para rehacer el mundo, liberar la verdad que hay en nosotros, alejar la noche, trascender la muerte, encantar las autopistas, congraciarnos con los pájaros y asegurarnos los secretos de los locos.
Creo en mis propias obsesiones, en la belleza de un choque de autos, en la paz del bosque sumergido, en la excitación de una playa de vacaciones desierta, en la elegancia de los cementerios de automóviles, en el misterio de los estacionamientos de varios pisos, en la poesía de los hoteles abandonados.
Creo en las pistas de aterrizaje olvidadas de Wake Island, señalando a los Pacíficos de nuestras imaginaciones.
Creo
en la belleza misteriosa de Margaret Thatcher, en el arco de sus fosas
nasales y el borde de su labio inferior; en la melancolía de los
conscriptos argentinos heridos; en las sonrisas perturbadas de los
empleados de estaciones de servicio; en mi sueño sobre Margaret
Thatcher acariciada por ese joven soldado argentino en un motel
olvidado, observados por un empleado de estación de servicio
tuberculoso.
Creo en la belleza de todas las mujeres, en la perfidia de sus fantasías, tan cerca de mi corazón; en la unión de sus cuerpos desencantados con los rieles de cromo de las góndolas de supermercado; en su cálida tolerancia de mis propias perversiones.
Creo en la muerte del mañana, en el acabamiento del tiempo, en la búsqueda de un tiempo nuevo en las sonrisas de las mozas de los bares de las rutas y en los ojos cansados de los controladores de tráfico aéreo en aeropuertos fuera de temporada.
Creo en los órganos genitales de los grandes hombres y mujeres, en las posturas corporales de Ronald Reagan, Margaret Thatcher y la Princesa Diana, en el suave olor que emana de sus labios cuando miran a las cámaras del mundo entero.
Creo en la locura, en la verdad de lo inexplicable, en el sentido común de las piedras, en la demencia de las flores, en la enfermedad reservada para la raza humana por los astronautas del Apolo.
No creo en nada.
Creo en Max Ernst, Delvaux, Dalí, Tiziano, Goya, Leonardo, Vermeer, de Chirico, Magritte, Redon, Durero, Tanguy, el Facteur Cheval, las torres Watts, Bocklin, Francis Bacon, y en todos los artistas invisibles dentro de las instituciones psiquiátricas del mundo.
Creo en la imposibilidad de la existencia, en el humor de las montañas, en lo absurdo del electromagnetismo, en la farsa de la geometría, en la crueldad de la aritmética, en las intenciones asesinas de la lógica.
Creo
en las adolescentes, en la corrupción que hay en ellas sólo por la
postura de sus piernas, en la pureza de sus cuerpos desaliñados, en los
rastros que sus partes pudendas dejan en los baños de moteles
miserables.
Creo en el vuelo, en la belleza del ala, y en la belleza
de todo lo que alguna vez haya volado, en la piedra arrojada por un
niño pequeño que lleva en sí misma la sabiduría de los estadistas y de
las parteras.
Creo en la amabilidad del bisturí, en la geometría sin límites de la pantalla de cine, en el universo oculto dentro de los supermercados, en la soledad del sol, en la locuacidad de los planetas, en la redundancia de nosotros mismos, en la inexistencia del universo y el aburrimiento del átomo.
Creo en la luz que arrojan las videograbadoras en las vidrieras de las grandes tiendas, en la agudeza de las parrillas de los radiadores en los salones de venta de automóviles, en la elegancia de las manchas de aceite sobre las barquillas de los motores de los 747 estacionados en las pistas de los aeropuertos.
Creo en la no existencia del pasado, en la muerte del futuro, y en las infinitas posibilidades del presente.
Creo en el desarreglo de los sentidos: en Rimbaud, William Burroughs, Huysmans, Genet, Celine, Swift, Defoe, Carroll, Coleridge, Kafka.
Creo en los diseñadores de las Pirámides, el Empire State, el bunker del Fuhrer en Berlín, las pistas de aterrizaje de Wake Island.
Creo en la fragancia del cuerpo de la Princesa Diana.
Creo en los próximos cinco minutos.
Creo en la historia de mis pies.
Creo en las migrañas, el aburrimiento de las tardes, el temor a los calendarios, la traición de los relojes.
Creo en la ansiedad, la psicosis y la desesperanza.
Creo en las perversiones, en el amor obsesivo por los árboles, las princesas, los primeros ministros, las estaciones de servicio abandonadas (más bellas que el Taj Mahal), las nubes y los pájaros.
Creo en la muerte de las emociones y el triunfo de la imaginación.
Creo en Tokio, Benidorm, La Grande Motte, Wake Island, Eniwetok, Dealey Plaza.
Creo en el alcoholismo, las enfermedades venéreas, la fiebre y el agotamiento.
Creo en el dolor.
Creo en la desesperanza.
Creo en todos los niños.
Creo en mapas, diagramas, códigos, juegos de ajedrez, rompecabezas, tableros de horarios de vuelos, carteles indicadores de los aeropuertos.
Creo en todas las excusas.
Creo en todas las razones.
Creo en todas las alucinaciones.
Creo en toda la rabia.
Creo en todas las mitologías, recuerdos, mentiras, fantasías y evasiones.
Creo en el misterio y la melancolía de una mano, en la amabilidad de los árboles, en la sabiduría de la luz.
J. G. Ballard. La semana que viene exposición en el CCCB.
La responsabilidad es esa cosa extraña que todos estamos orgullosos de exhibir, pero que en realidad no nos gusta tener. Buena prueba de ello es que cada vez somos más reacios a asumir las nuestras. En la sociedad en la que vivimos, cada día más, nos cuesta asumir las que nos tocan, porque nos guste o no, todos tenemos alguna.
Hablamos del libre mercado y del no intervencionismo, pero a la hora de la verdad siempre pedimos que papá Estado nos libere de nuestras cargas. Y lo peor de todo es que ya no son sólo cargas, sino que cada día más, demandamos que nos libere de tomar decisiones y como consecuencia de pensar (sí, de eso realmente agotador).
Como ejemplo citaré los antaño famosos números 906. En nuestra mano estaba el no llamar, el educar a nuestros hijos para que no hicieran cosas que no debían, pero era mucho más fácil pedir una regulación de estos números para que sólo se pudiera acceder a ellos tras solicitar el alta en el servicio. Está claro el porqué. Porque no requería absolutamente nada por nuestra parte. Ni tan siquiera la intención de no llamar.
Antiguamente (no hace tanto quizás) nos enseñaban que a los niños los educaban los padres y el colegio servía para adquirir conocimientos. Hoy en día, estamos demasiado ocupados en trabajar y pagar nuestras “necesidades” para poder tan siquiera vigilar que nuestros hijos cumplen con las escasas normas básicas que les damos. Estamos demasiado ocupados como para darles una buena educación y dejamos esto en manos de los maestros, sin darnos cuenta que ellos no disponen de la autoridad de un padre sobre su hijo, de tal forma que cada día, en más ocasiones no son capaces, no ya de imponerse sobre ellos, sino de exigirles un mínimo de respeto en el trato diario.
Podemos continuar con exclamaciones muy oidas del tipo “si el tabaco es tan malo, que lo prohiban” o “si la comida basura es tan mala, deberían prohibirla”. Estupendo. ¿Dónde deja todo esto a la persona y a su capacidad de elección? En mi humilde opinión, la sitúa en una posición de vergonzosa desidia.
Por estas cosas es por lo que me hace cada vez más gracia el debate que lleva varios días aquí abierto: ¿la culpa es de los bancos?, ¿la culpa de los hipotecados? Señores seamos adultos de una vez y asumamos nuestras responsabilidades. No me vale el decir que no sabía de economía cuando firmé. La mayoría ni tan siquiera se paró a pensar que estaba pidiendo muchos (muchísimos) millones de las antiguas pesetas a la mayor mafia que existe; a los que en vez de partir piernas a los morosos, les hacen del resto de su vida un infierno.
En el mismo tren están las promotoras, las cerámicas, las cementeras, las cadenas de electrodomésticos, etc. Tras años de ganancias exhorbitadas, ahora lloran pidiendo ayuda porque no pueden darle salida al stock almacenado. Hace tiempo, si montabas una empresa, debías ser avispado y saber verlas venir. Esos eran los buenos empresarios. Los que se hundían a la primera de cambio no lloraban; aprendían la lección y en ocasiones lo volvían a intentar. Ahora preferimos pedir ayuda. Para todo hay que pedir ayuda, ya que actuar es demasiado complicado y requiere PENSAR.
En esta megaurbe transformada en marca, todavía queda mas de un espacio (enmedio) donde poder hablar de puntos de golpeo difuminados por capital, de ese auge imparable de la individualidad, del olvido del colectivo, de nihilismo, de alineación, de puntos de no retorno, de precariedad laboral y en la vida misma o de productos químicos que nutren vidas para no ser vividas con la ilusión que somos mas libres que ninguna otra generación.
Nuestra actual sociedad se podía dividir en dos grandes grupos de edad: la gente que había conocido la clase trabajadora como sujeto político, protagonista de un proyecto de emancipación y transformación del mundo, y que había vivido en directo el hundimiento de ese proyecto, y por otro lado tenemos a la gente mas joven que no conoció aquella época. Pero tanto un grupo como otro parecían coincidir en la constatación de una ausencia, la ausencia de una instancia colectiva, de un Nosotros. Actualmente asistimos a una despolitización de nuestras vidas; nuestros malestares los vivimos en soledad y parece que la consigna que nos llega desde el Poder sea: “Conténtate con gestionar tu vida privada”. Todo comienza, pues, con gente que se resiste a esa consigna, que quiere politizar su malestar intentado reconstruir algún tipo de Nosotros. Vimos también diferentes experiencias, como Dinero Gratis, Yomango, V de vivienda, que apelaban a la politización de estos malestares, huyendo de un discurso y de un imaginario emancipatorio que ya resultan increíbles cuando no incomprensibles. Estas experiencias se inspiran mucho en el lenguaje de la publicidad, en la intervención artística y coinciden en cortocircuitar el sentido común antes que en proponer soluciones y transformaciones que, insisto, no se perciben como creíbles. También coinciden estas experiencias en la brevedad, aparecen de pronto, permiten manifestar una rabia, y desparecen.
A partir de aquí hemos asistido a un debate acerca de si es deseable y/o posible hacer permanentes estos breves destellos de rabia, de tratar de reconducir nuestros malestares hacia una dimensión política, de tratar de reconstruir un Nosotros mas allá de la privacidad de nuestras vidas. Veíamos la dificultad que encierra hacer esto. Porque hoy el capitalismo y la realidad son una misma cosa, hasta el punto de que resulta difícil poner rostro al enemigo sin caer en etiquetas estériles, y resulta difícil intervenir en esta realidad sin contribuir a su reproducción, hasta el punto de que se ve mas plausible intentar una interrupción de la realidad y del sentido común antes que contribuir, con nuestra creatividad, a alimentar esta maquina.
El reto, como siempre, se resume en una vieja pregunta: Que hacer?
Entra basura 2.0 me encuentro perlas, como Alquimista digital, lo podría explicar con otras palabras y de otros modos, pero al final vendría a decir lo mismo;
Vivimos en un mundo artificial en el que se ha impuesto la prisa: ya no es sólo el “fast –food”, sino incluso las relaciones humanas, con los chats, o los “speed dating” que se han puesto de moda en EEUU, donde te dan solo 7 minutos para iniciar una relación (o no); incluso el conocimiento no puede escapar de esta plaga, con las librerías inundadas de manuales para obtener la Sabiduría en dos semanas.
Tanta prisa, en realidad, esconde un pánico, pánico a tener tiempo para estar con nosotros mismos, o con otra persona. Y ese pánico es el mismo que nos hace rehuir las responsabilidades y refugiarnos en un individualismo egoísta, mientras por otro lado evitamos el tener que enfrentarnos a las dificultades, a los problemas, al sufrimiento. Tampoco es que haya que ir en busca de problemas, o mortificarnos gratuitamente. Lo que no debemos es esconder la cabeza, y escapar continuamente, escapar hacia delante.
Lo que realmente nos ocurre es que estamos aburguesados (y hamburguesados): nos sentamos delante de una pantalla tragando todo lo que nos echan, dejando que nos muestren del mundo sólo esa parte que quieren que veamos, y que nosotros tomamos por realidad.
Nos hemos (y nos han) hamburguesado, nos matan nuestra natural rebeldía. Nuestra energía la empleamos en divertirnos (es decir, encerrarnos en una caja llena de luces y música atronadora, o pasar el rato bebiendo); en eso y en comprar cosas, rodearnos de cosas, y de ruido, con el móvil pegado a la oreja, cosas que nos impidan volvernos hacia dentro, hacia lo que realmente somos y lo que podamos llegar a ser, porque nos da miedo. Nos da miedo romper con los esquemas que nos imponen los que gobiernan la Caverna, que no siempre son los que salen por TV; y que intentan que no se les vaya la gente, que sigamos encadenados, mirando las sombras de la pared y discutiendo, protestando o aprobando, dócilmente, por todo lo que se nos proyecta. En vez de mirar atrás, buscar de dónde salen esas sombras. Mucha gente intuye que hay algo más, pero no se atreve a dar ese paso, les da vértigo, porque hay un vacío, porque no encuentran dónde agarrarse, algún asidero. Por lo tanto giran la cabeza y se conforman con lo que hay delante, y aunque sigan sintiendo ese vacío interior, prefieren llenarlo con múltiples cosas, que no les llenan en absoluto.
Pero quedan todavía un puñado de valientes capaces de enfrentar ese vacío; aún queda gente audaz que logra enfrentar el vértigo y vislumbrar apenas lo que hay detrás, intuyendo la salida, un puñado que no se cree las mentiras que les cuentan unos y otros, jóvenes, de todas las edades, jóvenes de espíritu, jóvenes audaces.
Este pasado fin de semana estuve por el CCCB donde se celebró el NOW 2008, es un proyecto focalizado en las transformaciones científicas, tecnológicas, artísticas, sociales y espirituales que están teniendo lugar en el inicio del siglo XXI.
NOW no responde a un formato específico, aunque puede manifestarse en varios géneros y formatos. Ha sido concebido como una plataforma de trabajo con varios objetivos en los ámbitos temáticos siguientes: Ciencia abierta, Ciberesfera, Factor eco, Arte ahora, Cultura emergente, Partícula Psi y Nuevo activismo.
| Ciencia abierta: creación de un trabajo en común y de puentes de comunicación entre la ciencia y las humanidades | |
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Ciberesfera: cómo las tecnologías “ciber” afectan ya a todos los ámbitos de la vida cotidiana |
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| Factor Eco: necesidad de tener una visión sistémica, orgánica del Planeta para garantizar su supervivencia | |
| Arte ahora: exploración del momento actual del Arte: cuáles son sus directrices, sus criterios de validación y el sentido de las nuevas prácticas | |
| Partícula Psi: exploración de una nueva espiritualidad a partir de la crisis de las religiones tradicionales | |
| Nuevo activismo: compromiso y militancia, funcionamiento en red, nuevas implicaciones sociales y ciudadanía global | |
| Cultura emergente: análisis crítico y resituación de la cultura alternativa e independiente ante la transformación socio-cultural acelerada |
“Menos mal que los ciudadanos no comprenden el funcionamiento de nuestro sistema bancario, porque si lo hicieran, me temo que habría una revolución no más tarde que mañana por la mañana.” Henry Ford
Y a ti, ¿hasta cuando te van a engañar?
“Tuvimos éxito en tomar esta fotografía, y al verla, ves un punto. Eso es aquí. Eso es casa. Eso es nosotros. Sobre él, todo aquel que amas, todo aquel que conoces, todo aquel del que has oído hablar, cada ser humano que existió, vivió sus vidas. La suma de nuestra alegría y sufrimiento, miles de confiadas religiones, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de la civilización, cada rey y campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada esperanzado niño, inventor y explorador, cada maestro de moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie vivió ahí – en una mota de polvo suspendida en un rayo de luz del sol.
La Tierra es un muy pequeño escenario en una vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre vertida por todos esos generales y emperadores, para que, en gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las interminables crueldades visitadas por los habitantes de una esquina de ese píxel para los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina; lo frecuente de sus incomprensiones, lo ávidos de matarse unos a otros, lo ferviente de su odio. Nuestras posturas, nuestra imaginada auto-importancia, la ilusión de que tenemos una posición privilegiada en el Universo, son desafiadas por este punto de luz pálida.
Nuestro planeta es una mota solitaria de luz en la gran envolvente oscuridad cósmica. En nuestra oscuridad, en toda esta vastedad, no hay ni un indicio de que la ayuda llegará desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos.
La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro próximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí. Colonizar, aún no. Nos guste o no, en este momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos.
Se ha dicho que la astronomía es una experiencia de humildad y construcción de carácter. Quizá no hay mejor demostración de la tontería de los prejuicios humanos que esta imagen distante de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amablemente, y de preservar el pálido punto azul, el único hogar que jamás hemos conocido.”
Genial texto, que lo resumiría de este modo: "Si no la querría soportar eternamente, por que me permito soportarla una vez?"
¿Qué ocurriría si, un día o una noche un demonio se deslizara furtivamente en la más solitaria de tus soledades y te dijese:
Esta vida, como tú ahora la vives y la has vivido, deberás vivirla aún otra vez e innumerables veces, y no habrá en ella nunca nada nuevo, sino que cada dolor y cada placer, y cada pensamiento y cada suspiro, y cada cosa indeciblemente pequeña y grande de tu vida deberá retornar a ti, y todas en la misma secuencia y sucesión -y así también esta araña y esta luz de luna entre las ramas y así también este instante y yo mismo.¡La eterna clepsidra de la existencia se invierte siempre de nuevo y tú con ella, granito del polvo!? ¿No te arrojarías al suelo, rechinando los dientes y maldiciendo al demonio que te ha hablado de esta forma? ¿O quizás has vivido una vez un instante infinito, en que tu respuesta habría sido la siguiente: Tu eres un dios y jamás oí nada más divino ?
Si ese pensamiento se apoderase de ti, te haría experimentar, tal como eres ahora, una transformación y tal vez te trituraría; ¡la pregunta sobre cualquier cosa: Quieres esto otra vez e innumerables veces más? pesaría sobre tu obrar como el peso más grande! O también, ¿cuánto deberías amarte a ti mismo y a la vida para no desear ya otra cosa que esta última, eterna sanción, este sello?
Podría dedicarle un post a cada parrafo, y tal vez diez o cien páginas de cada uno, y aun así quedaría infravalorado, tanta verdad junta solo puede dar pie al silencio, y a un gracias Shakespeare:
Después de algún tiempo aprenderás la diferencia entre dar la mano y socorrer a un alma, y aprenderás que amar no significa apoyarse, y que compañía no siempre significa seguridad.
Comenzarás a aprender que los besos no son contratos, ni regalos, ni promesas... comenzarás a aceptar tus derrotas con la cabeza erguida y la mirada al frente, con la gracia de un niño y no con la tristeza de un adulto y aprenderás a construir hoy todos tus caminos, porque el terreno de mañana es incierto para los proyectos y el futuro tiene la costumbre de caer en el vacío.
Después de un tiempo aprenderás que el sol quema si te expones demasiado... aceptarás incluso que las personas buenas podrían herirte alguna vez y necesitarás perdonarlas... aprenderás que hablar puede aliviar los dolores del alma.... descubrirás que lleva años construir confianza y apenas unos segundos destruirla y que tu también podrás hacer cosas de las que te arrepentirás el resto de la vida.
Aprenderás que las nuevas amistades continúan creciendo a pesar de las distancias, y que no importa qué es lo que tienes, sino a quién tienes en la vida y que los buenos amigos son la familia que nos permitimos elegir.
Aprenderás que no tenemos que cambiar de amigos, si estamos dispuestos a aceptar que los amigos cambian.
Te darás cuenta que puedes pasar buenos momentos con tu mejor amigo haciendo cualquier cosa o simplemente nada, sólo por el placer de disfrutar su compañía.
Descubrirás que muchas veces tomas a la ligera a las personas que más te importan y por eso siempre debemos decir a esas personas que las amamos, porque nunca estaremos seguros de cuándo será la última vez que las veamos.
Aprenderás que las circunstancias y el ambiente que nos rodea tienen influencia sobre nosotros, pero nosotros somos los únicos responsables de lo que hacemos.
Comenzarás a aprender que no nos debemos comparar con los demás, salvo cuando queramos imitarlos para mejorar. Descubrirás que se lleva mucho tiempo para llegar a ser la persona que quieres ser, y que el tiempo es corto.
Aprenderás que no importa a dónde llegaste, sino a dónde te diriges y si no lo sabes, cualquier lugar sirve...
Aprenderás que si no controlas tus actos, ellos te controlarán y que ser flexible no significa ser débil o no tener personalidad, porque no importa cuán delicada y frágil sea una situación: siempre existen dos lados.
Aprenderás que héroes son las personas que hicieron lo que era necesario, enfrentando las consecuencias...
Aprenderás que la paciencia requiere mucha práctica.
Descubrirás que algunas veces, la persona que esperas que te patee cuando te caes, tal vez sea una de las pocas que te ayuden a levantarte.
Madurar tiene más que ver con lo que has aprendido de las experiencias, que con los años vividos.
Aprenderás que hay mucho más de tus padres en ti de lo que supones.
Aprenderás que nunca se debe decir a un niño que sus sueños son tonterías, porque pocas cosas son tan humillantes y sería una tragedia si lo creyese porque le estarás quitando la esperanza.
Aprenderás que cuando sientes rabia, tienes derecho a tenerla, pero eso no te da el derecho a ser cruel.
Descubrirás que sólo porque alguien no te ama de la forma que quieres, no significa que no te ame con todo lo que puede, porque hay personas que nos aman, pero que no saben cómo demostrarlo... No siempre es suficiente ser perdonado por alguien, algunas veces tendrás que aprender a perdonarte a ti mismo.
Aprenderás que con la misma severidad con que juzgas, también serás juzgado y en algún momento condenado.
Aprenderás que no importa en cuántos pedazos tu corazón se partió, el mundo no se detiene para que lo arregles.
Aprenderás que el tiempo no es algo que pueda volver hacia atrás, por lo tanto, debes cultivar tu propio jardín y decorar tu alma, en vez de esperar que alguien te traiga flores.
Entonces y sólo entonces sabrás realmente lo que puedes soportar; que eres fuerte y que podrás ir mucho más lejos de lo que pensabas cuando creías que no se podía más.